Chile acaba de vivir unas primarias que, seamos honestos, pocos miraron de cerca. Entre feriados, memes y resúmenes de fútbol, el país apenas notó que se jugaba algo más que candidaturas: se jugaba el mapa del poder para los próximos años.
Y vaya si hubo sorpresas.
Jeanette Jara, comunista de tomo y lomo, militante del Partido desde los quince años, no solo ganó: arrasó. Carolina Tohá se quedó atrás, mostrando que el socialismo democrático hoy es poco más que el florero del living oficialista: luce bien, no pesa nada.
Al otro lado, Evelyn Matthei, esa carta moderada que supuestamente iba a unir a la derecha, se desmorona en las encuestas, cayendo a un magro nueve por ciento según la última Cadem. Y mientras ella patina, José Antonio Kast se frota las manos. Sin hacer demasiado ruido, con ese estilo de “aquí no pasa nada, pero pasa todo”, se perfila como el favorito para pasar a segunda vuelta.
Pero atención: no está solo.
Asoma Johannes Kaiser: influencer, diputado y voz deslenguada de la derecha más dura. Ojo, porque Kaiser no es solo el opinólogo gritón que muchos pintan. En un comienzo marcó fuerte en las encuestas, aunque su base de apoyo ha disminuido. Sin embargo, ha encontrado (quién sabe si por diseño o accidente) un rol funcional al Partido Republicano: centra a Kast, empuja el debate hacia la derecha y mantiene encendida a la base más radical.
Y no olvidemos: Kaiser es relativamente nuevo en política… y ya fundó un partido.
Puede que hoy no esté en primera línea presidencial, pero subestimarlo sería un error. Hay que tenerle ojo: en futuras campañas podría sorprender, crecer, dividir… o incluso disputarle espacio al mismísimo Kast.
Lo de Jeanette Jara no es solo un triunfo de nombre: es un triunfo de proyecto.
La izquierda chilena ya no es ese bloque socialdemócrata que buscaba equilibrios, consensos o acuerdos de salón: hoy se abraza abiertamente al Partido Comunista.
Un PC que defiende a Cuba como “una democracia distinta”, que justifica a Nicaragua porque “la prensa opositora era golpista”, y que jamás ha hecho una autocrítica seria sobre Venezuela.
¿Jara representa a la izquierda moderna? No.
Representa a la izquierda que dice sin tapujos lo que cree, que no le pone filtros a su ADN ideológico, mientras el Frente Amplio se corre encantado para acompañarla, sonriendo para la foto.
Es como si hubieran decidido que lo cool ya no es disimular: es asumirlo todo con orgullo.
¿Y Tohá? Olvidada. Relegada. Su espacio político es el de un museo.
En la derecha, Evelyn Matthei se derrumba.
La “opción moderada”, la “centroderecha razonable”, no logra ni emocionar ni conectar. Matthei quedó atrapada entre su pasado político, sus contradicciones, y un Chile que hoy está dividido, polarizado y sediento de posiciones claras y sin matices.
Mientras ella intenta tender puentes, el país ya está quemando los tablones.
¿Quién capitaliza ese vacío?
José Antonio Kast.
El hombre al que todos daban por quemado después del segundo proceso constitucional. El candidato al que la prensa miraba con condescendencia, como si fuera un mal recuerdo del pasado reciente.
Hoy, según la misma Cadem, supera cómodamente a Jara en segunda vuelta: 47 a 36 por ciento.
No solo no desapareció: volvió más fuerte, más pragmático y, sobre todo, más centrado.
¿Y quién lo ayuda en ese proceso?
Johannes Kaiser.
Aunque ya no marca como al principio, Kaiser cumple un rol clave: mantiene viva la agenda dura, radicaliza el discurso donde Kast decide no embarrarse, agita a las bases más conservadoras y, le guste o no al propio Kast, termina siendo funcional al proyecto republicano.
No es solo un youtuber metido a político: es un armador ideológico en la sombra. Y conviene no perderlo de vista: no se descarta que en un par de elecciones más, Kaiser ya no juegue para otro, sino para sí mismo.
Así que llegamos al escenario que todos comentan o temen en voz baja: Jara vs. Kast en segunda vuelta.
El duelo soñado por algunos, la pesadilla de otros.
La izquierda llega con la bandera roja bien desplegada, sin vergüenza, sin moderación. El Partido Comunista no disimula: Cuba, Nicaragua, Venezuela… todo es justificable si lo narra alguien de los suyos.
Jara no es socialdemocracia maquillada: es comunismo orgulloso.
Al frente, José Antonio Kast se presenta como el único que puede detener esa marea. Pero atención: no es el mismo Kast de 2021. Ahora viene más pragmático, menos incendiario en lo público, aunque el fuego lo sigue alimentando Johannes Kaiser desde los márgenes.
Kast sonríe para la cámara, Kaiser prende las redes. Es una dupla que funciona, aunque no siempre se reconozca como tal.
Y el centro… bueno, ¿qué centro?
Evelyn Matthei ya está ocupada pensando cómo salvar al menos una que otra alcaldía. Los votantes moderados, huérfanos. El socialismo democrático, disecado.
En Chile, lo que se juega no es solo quién será presidente: se juega si todavía existe un espacio para los matices o si el país se entregó por completo a la polarización.
Así que te lo pregunto a ti:
¿Quién crees que representa mejor lo que hoy siente Chile?
¿Jeanette Jara, con su comunismo sin complejos?
¿O Kast, con su cruzada contra el progresismo?
¿Es Matthei el último suspiro de una centroderecha que ya no seduce a nadie?
Déjame tu opinión en los comentarios. Porque más allá de los números, lo que viene ahora es otra batalla: la de las ideas, los miedos y los deseos que están debajo de cada voto.
Saludos.